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lunes, febrero 12, 2007

Un día normal...con mi esposa...

Desde que regresamos el viernes 2 de febrero han ocurrido unas cuantas cosas graciosas y otras extrañas.

Los otros dias mi esposa tomó el elevador del apartamento donde vivimos, para salir de compras. En el trayecto se montaron una pareja de ancianos koreanos y al verla, luego de las inclinaciones de rigor, le preguntaron de dónde era. Ella orgullosamente les explicó que era puertorriqueña. Al salir del elevador y el condominio, el anciano varón siguió caminando a su lado y preguntándole sobre Puerto Rico, entre ellas nuestra relación con EU. Mi esposa corta ni perezosa, le dice que eramos una colonia de EU, similar a cuando ellos fueron invadidos por Japón. El anciano dio un brinco de asombró e incredulidad y abrió los ojos como dos bombillas de 75 amperes y le preguntó asustado, si entonces eramos esclavos de los americanos. Ella tuvo que aguantar la risa y corregir la metía de pata. Luego de la aclaración él le dijo que había entendido y ambos siguieron su camino. El anciano se fue cabizbajo.


Ayer tomamos el metro para ir a Itaewon y dar un paseo por los kioscos de venderores de recuerdos y muebles viejos con historias de antiguedad inventadas. Al salir del tren, nos detuvimos un rato en la salida de la estación del "subway", para escuchar a unas niñas koreanas que cantaban coritos religiosos en ingles. Luego de recibir la santificación y el perdon espontáneo, que creemos ocurre cuando aportamos unas cuantas monedas para ayudar al esparcimiento de la Fe, subimos la escalera de casi 100 escalones y salimos hacia la calle. De momento, veo a una mujer como de unos 25 años tomándole fotos a unos carteles que estaban pegados en la baranda de las escaleras, para luego proceder a arrancarlos. Como pensé que estaba limpiando el área y además estaba enseñandole a mi esposa los sitios que frecuentaba, no le presté mucha atención sobre que anunciaban los carteles. Cruzamos y continuamos caminando por los alrededores, mirando kisocos de maletas y carteras falsas de Louis Viutton (aunque mi esposa no se dió cuenta, vi como le brillaban los ojos y ponía cara de éxtasis, cada vez que pasaba frente a una de ellas).

Luego de un rato, ya cansado del hostigamiento de los sastres-vendedores a comisión y de decirles en más de 100 ocasiones-"No,thank you, no that's ok, no, I am just walking around,etc..." , nos topamos otra vez con la arranca-carteles. Ahi noté que los papeles que rompía, era un anuncio promocional de un show de Dragas, que se ofrecería esa noche en una bar local. Luego de leerlo y ejerciendo el derecho al asombro, empecé a gritarle a mi esposa, a lo bien boricua parcelero, sobre que trataba el show. La mujer me miró con cara de furia, le volvió a tomar fotos a los carteles y continuo rompiendo los anuncios como si fuera un fariseo indignado, quien rasga sus vestidos ante la afirmación de que Jesús es el hijo de Dios. Yo le puse cara de miedo y aligeré el paso con tal de que la ofendida no me fue a entrar a bofetas alli mismo. Mi esposa en solidaridad y defensa mia estaba en la otra esquina riéndose de mí. Cuando me alejé a una distancia razonable y segura, seguimos con la cara de que esto no es conmigo e imaginamos algunas historias con las cuales llegamos a varias razones del por qué de su coraje, entre ellas, que era parte de la producción y los socios le hicieron un rancho dejándola fuera del espectáculo o que en el beauty se acababa de enterar que su novio o marido era la draga diva del show, pues se notaba molesta y muy ofendida.

Para calmar los nervios invité a mi esposa a un hors d'oeuvre bien exótico y elegante. La llevé a comer un kebab de cordero, en un come y vete que hay en la acera de la avenida principal del área. Como le expliqué a mi consorte, que en ocasiones actúa como si fuera una madre regañona, comer en ese kiosco es una oportunidad de experimentar de cerca la cultura koreana y extranjeros, que siempre caminan de prisa por el sector. Como no hay mesas ni sillas, comes en la acera y si no te sales del medio, la gente te lleva enredao. Además no venden nada de beber, osea, te tienes que comer el kebab a las rocas. Al menos comimos afuera. Me pregunto si eso es el equivalente a una cena del día de San Valentín.

Al cabo de par de horas caminando y cuatro pies hinchados, mi esposa entró a un mini centro comercial de "souvenirs", carteras (como si las dos horas que paso mirando no fueran suficiente) y otros artículos que nunca hacen falta, para verificar si tenian pantallas para la nariz. Yo decidí quedarme en la acera para ver a la gente. Pasar las horas observando lo que ocurre a mi alrededor y el de los otros, es una extraña aficción que me viene, desde que note que existía y que podia pensar.

Como ví que no regresaba, entré a buscarla y la encontré hablando con un vendedor de origen egipcio, quien al verme dio un brinco de asombro y alegría. Su versión para justificar la contentura, fue que me confundió con un amigo que estaba en Italia. Estuvo un rato hablándome del fulano y cuanto nos pareciamos, que terminó regalándole una pantalla a mi esposa, porque yo le recordaba a su amigo. Yo me puse nervioso, porque sentía que despues me iba a obligar a que le comprara una alfombra Persa de unos cuantos miles de billetes (son realmente bien caras). Yo como soy una víctima fácil de los vendedores, varios minutos más, posiblemente hubiese terminado comprando la alfombra a tarjetazo plástico, junto con un kit para bendecirla, despues que el vendedor me convenciera facilmente de que podría volar sentado en ella. Desde que una vez en Puerto Rico, salí a comprar un paquetito de azucar y regresé cuatro horas despues con la embrolla de un carro nuevo, mi esposa no me deja salir a hacer compras sólo.

Me confieso, Yo soy el peor comprador y negociador en cuanto a mis asuntos se refiere. Soy de los que me rindo voluntariamente a los pies de hasta un vendedor de chicles de cajita. Cuando es cuestion de compras me paro como un niño tímido y asustadizo tras la espalda de mi compañera. Yo estoy casi seguro que en otra vida ella fue un comerciante de esclavos o algo así.